
Michael Faraday
1791-1867
Faraday, filósofo natural
Pensamientos de Michael Faraday.
Material seleccionado por Bernardo Gómez Moreno
para los "Talleres sobre Tópicos de Física
Contemporánea".
Enero de 1998.
Tomado parcialmente
de: Williams, L. Pierce.- Michael Faraday: una biografía.
The Da Capo series
in science. New York: Basic Books, 1965.
Traducción:
Consuelo Gómez Moreno.
"¡Trabaje, concluya, publique!"
"La creación más noble
de Dios es el hombre,
y la creación más noble
del hombre
es el conocimiento del universo de Dios."
Michael Faraday
Faraday,
el conferencista
Los puntos de vista de Michael Faraday acerca de
las conferencias y de los conferencistas se encaminaban -como todos sus
escritos- a servir más como una base para la discusión, que
como una prescripción de lo correcto.
El tema y la audiencia de la conferencia
Decía Faraday:
"Cada rama de la ciencia puede ser presentada e ilustrada a la audiencia
y el uso de experimentos y demostraciones agregan valor, pues el público
no sólo oye, sino que puede ver a su vez. Los temas para las conferencias
deben elegirse teniendo en mente el punto de vista de la audiencia."
"Un conferencista debe considerar a su audiencia como educada o vulgar,
ilustrada o poco conocedora del tema, dispuesta a escuchar o contemplativa.
La audiencia educada espera ser entretenida, no sólo por el tema
de la conferencia, sino por los modales del conferencista. Ellos van en
busca de respeto, de un lenguaje acorde con su dignidad e ideas en su propio
nivel. La audiencia vulgar -que es tanto como decir aquellos que en general
se van a tomar el trabajo de pensar y de meterse en el asunto- desean algo
que puedan comprender. La conferencia puede ser profunda y elaborada para
los ilustrados, pero para aquellos que aún son novatos e inexpertos
en el tema, debe ser simple y escueta. Finalmente, los que escuchan, esperan
razón y sentido, mientras que los contemplativos sólo requieren
una sucesión de palabras."
"El arte del conferencista" en las palabras de Faraday
Para Faraday era censurable que el conferencista
pasara por alto el "arte de la conferencia".
"El requisito más destacado para un conferencista, aunque
quizás no el más importante, es una buena entrega. Si bien
todo verdadero filósofo de la ciencia y de la naturaleza va a tener
innumerables encantos en cada atuendo, siento decir que la humanidad, por
lo general, no puede acompañarnos una corta hora, si el sendero
no está cubierto de flores. En ese sentido, con el fin de ganar
la atención de la audiencia es necesario poner atención en
la forma de expresión."
"La pronunciación no debe ser rápida y acelerada, y consecuentemente
ininteligible, sino lenta y transfiriendo deliberadamente las ideas del
conferencista con facilidad e infundiéndolas en las mentes de la
audiencia con claridad y rapidez. Un conferencista debería intentar,
por todos los medios, de adquirir la facilidad en la pronunciación
y de poder plasmar sus pensamientos e ideas en un lenguaje suave y armonioso,
simple y fácil a la vez."
"Sus ciclos deben ser redondos, no muy extensos o desiguales; deben ser
completos y expresivos, transmitiendo claramente la totalidad de las ideas
que se intentan transferir. Si son muy extensos, oscuros e incompletos,
conducen a un nivel de laboriosidad en las mentes de los oyentes, que rápidamente
causa languidez, indiferencia e incluso, disgusto."
"El conferencista no puede pararse como una estaca de madera, pronunciando
tan sólo frases; más bien debe adecuar la acción a
la palabra, y la palabra a la acción. Yo no tendría a ningún
conferencista pegado a la mesa o atornillado al piso. El conferencista
debe aparecer en todo sentido como un cuerpo preciso, separado de las cosas
que lo rodean y debe tener algún movimiento adicional al que ya
posee. El conferencista debe tener una apariencia apacible y sosegada,
intrépida e impasible, con sus propios pensamientos y su mente claros
y libres para la descripción de su temática. Su acción
no debe ser apresurada y violenta, sino lenta, tranquila y natural, consistiendo
principalmente de cambios de postura del cuerpo, con el fin de evitar ese
aire de rigidez y de monotonía. Todo su comportamiento debe evidenciar
respeto por su audiencia y en ningún caso debe olvidar que está
en su presencia. Ningún accidente que interfiera con su comodidad
debe disturbar su serenidad o causar variación en su actitud. En
lo posible, no debe dar la espalda a la audiencia, sino brindarle plena
seguridad, demostrando que todo su esfuerzo se ha puesto en el logro del
placer e instrucción de los presentes."
Conferencias con experimentos
Acerca de las condiciones ideales, bajo las cuales
deben dictarse las conferencias, dice Faraday:
"Los equipos son una parte esencial de cada conferencia en la cual pueden
ser introducidos, pero a los equipos cabe agregar -en cada oportunidad
que convenga y convenientemente- las ilustraciones, que probablemente no
merecen el nombre de equipos o de experimentos, pero pueden ser involucradas
con un considerable poder y efecto en los lugares apropiados. Los diagramas
y las tablas son también necesarios o, al menos, brindan un aporte
eminente a las ilustraciones y a la perfección de la conferencia."
Faraday sentía con fuerza, cómo una
conferencia experimental podía apelar al sentido estético:
"Cuando se va a llevar a cabo una conferencia experimental y los instrumentos
se van a exhibir, se debe observar algún tipo de orden en su disposición
en la mesa. Cada parte ilustrativa de la conferencia debe estar a la vista,
ninguna debe ocultar de la audiencia a otra, ninguna debe estar en medio
u obstruyendo al conferencista. Los instrumentos deben ubicarse en forma
tal, que produzcan una especie de uniformidad aparente. No deben existir
algunas partes vacías y otras llenas, a no ser que exista una razón
particular que haga necesario que esto sea así. Al mismo tiempo,
la totalidad debe estar arreglada en forma tal, que evite que una operación
interfiera con otra. Si la mesa de conferencias aparece atiborrada, si
el conferencista oculto tras los instrumentos es invisible, si las cosas
aparecen torcidas, ladeadas o desiguales, o si algunas están fuera
de la vista, sin ninguna razón en particular, el conferencista es
considerado (y además, con razón) como un torpe inventor
y un chambón."
La elección adecuada de los experimentos:
"Los experimentos que elige el conferencista deben ser importantes, ya
que se refieren al tema tratado; deben poseer claridad y organizarse de
forma tal, que sean lo más generales y fáciles para su comprensión.
Deben ser más cercanos a la simplicidad y a explicar los principios
establecidos del tema, que por el contrario muy elaborados y sólo
aplicados a fenómenos del momento."
La teoría que acompaña al experimento:
"Los experimentos pertinentes deben ser explicados por una teoría
satisfactoria, o sino tan sólo estaríamos remendando un viejo
abrigo con tela nueva, y así, el agujero se convertiría en
algo aún peor. Si se puede brindar una teoría satisfactoria,
se está en la obligación de brindarla. Si dudamos acerca
de una opinión recibida, no dejemos pasar las cosas y reafirmemos
nuestras propias ideas, pero presentándolas en una forma clara,
formulando también nuestras objeciones. Si el mundo científico
está dividido en su opinión, presentemos ambos aspectos de
la cuestión y dejemos que cada uno juzgue por sí mismo, asesorándolo
al hacer notar las circunstancias más extremas y de peso en cada
uno de los aspectos. Entonces, y sólo entonces, podremos hacer justicia
a la temática, complaciendo a la audiencia y satisfaciendo nuestro
honor, el honor del filósofo."
Cuando falla la demostración del experimento:
"El conferencista que ilustra su discurso con experimentos o demostraciones
se enfrenta al peligro de una falla momentánea, que puede ser muy
embarazosa. En esas ocasiones una disculpa es a veces necesaria, pero no
siempre. Yo desearía que las disculpas se hicieran lo menos posible,
y generalmente, sólo cuando la inconveniencia se extienda a los
presentes. En muchas ocasiones he visto que la atención de buena
parte de la audiencia se dirige hacia un error, debido a las disculpas
que le siguen."
La actitud del conferencista
Faraday menospreciaba a los conferencistas que usaban
sus conferencias para elevar su propio ego:
"Un conferencista cae profundamente en lo más hondo de la dignidad
de su carácter, cuando desciende tan bajo tratando de pescar aplausos
y solicitando alabanzas. Incluso he visto a un conferencista llegar a ese
extremo. Lo he oído infundadamente censurar sus propios poderes.
Lo he oído tratar de obtener una extensión en el tiempo,
arguyendo el extremo cuidado y la exactitud que requiere el experimento
por hacer. Lo he oído esperando indulgencia, cuando no se quería
indulgencia y lo he oído declarar que el experimento que se estaba
realizando no podía fallar, debido a su belleza, su corrección
y sus aplicaciones, esto con el fin de ganar la aprobación de todos."
Conversaciones de los Viernes en la Noche
Friday
Evening Discourses
En 1826 Michael Faraday inició en la Royal
Institution, en el auditorio de la institución, las conferencias
de los viernes en la noche, que aún hoy, 170 años después,
se siguen realizando. En estas charlas de los viernes los científicos
describen sus trabajos a audiencias legas, informando al público
sobre las principales líneas de actividad e investigación
en la ciencia y contribuyendo a la comprensión de la investigación
de frontera.
Las reuniones iniciales eran bastante informales.
En una conferencia acerca de la rueda de Arago, llevada a cabo el 2 de
enero de 1827, Faraday explicó el propósito de las reuniones
de los viernes:
"Las conversaciones de los viernes en la noche poseen la intención
de ser reuniones de naturaleza tranquila y agradable, a las cuales los
miembros de la institución tienen el privilegio de traer a sus amigos
y donde todos deben sentirse cómodos. Es deseable que todas las
cosas de interés, grandes o pequeñas, sean exhibidas aquí,
bien sea en la biblioteca o en la sala de conferencias. En dicha sala,
el conferencista y la audiencia se despojan de todas las formalidades,
excepto de aquellas esenciales para asegurar la atención y la libertad
de todos. La conferencia puede ser extensa o corta, de forma tal que contenga
buen material y, posteriormente, cada uno puede reunirse para charlar y
tomar el té."
Con las conversaciones de los viernes en la noche
Michael Faraday buscaba revelar a su audiencia la belleza, el encanto y
la utilidad de la ciencia. Con las conferencias acerca de sus propias investigaciones,
dejaba al descubierto la mente de un científico creativo; al reflexionar
acerca de los tópicos de interés en el momento, mostraba
como podía reaccionar la ciencia ante un mundo por tanto tiempo
indiferente a ella; y por señalar las aplicaciones prácticas
de la ciencia, podía glorificarla en términos de fácil
comprensión en los comienzos de la era victoriana.
Testimonios de la audiencia de Faraday
en las conversaciones de los viernes en la noche
Decía Frederick von Raumer, profesor de historia
en la Universidad de Berlín:
"El señor Faraday no es sólo un hombre de profundidad en
la ciencia química y física (lo que toda Europa conoce),
sino un muy destacado conferencista. Habla con comodidad y libertad, pero
no con un tono desigual o murmurante, por momentos inaudible o vociferante,
como le sucede a muy educados profesores. El se entrega a sí mismo
con claridad, precisión y habilidad."
Decía Lady Holland:
"El maestro Faraday debe ser recordado en sus fases características;
primero, como se para ante la mesa de conferencias, con sus baterías
de voltaje, sus hélices electromagnéticas, sus grandes máquinas
eléctricas, sus tubos de ensayo de vidrio y todos los equipos para
los experimentos alrededor de él.
Todo esto, en tan perfecto orden, que puede colocar las manos sin temor
a equivocarse sobre el objeto correcto, en el momento correcto. Y si su
asistente por alguna razón comete una equivocación, él
puede ubicar correctamente los objetos, sin un signo de descomposición.
Sus equipos nunca están en su camino y su manipulación jamás
interfiere con su conferencia.
El es el maestro completo de la situación, quien tiene dominada
a su audiencia, tal como se domina a sí mismo; nada lo irrita, ni
le impide dar rienda suelta a su elocuencia. Se trata de una elocuencia
irresistible, que apela a la atención e insiste en la simpatía.
Despierta a los jóvenes de sus visiones y a los viejos de sus sueños.
Hay un brillo en sus ojos que no puede ser copiado por ningún pintor
ni descrito por ningún poeta. Su actitud radiante parece enviar
una extraña luz hasta el fondo de los corazones de la congregación
y cuando habla, se siente como si la entereza de su voz y el fervor de
sus palabras pueden pertenecer tan sólo al propietario de esos ojos
centelleantes.
Su pensamiento es rápido. Su entusiasmo a veces lo lleva hasta un
punto de éxtasis, cuando se explaya en la belleza de la naturaleza
y cuando corre el velo de sus profundos misterios.
Su cuerpo entonces adquiere el movimiento de su mente, su cabello ondea
desde su cabeza, sus manos se llenan de acciones nerviosas, su cuerpo liviano
parece estremecerse con su anhelante vida.
Su audiencia adquiere fuego con él y cada uno de los rostros se
enciende. Cualquiera que sea la reflexión o la actividad posterior
que se realice, cada oyente comparte su fervor y su deleite.
En el caso de algunos asistentes, la impresión es tan profunda,
que los conduce a laboriosas vías de filosofía, pese
a todos los obstáculos que la vida diaria en sociedad pone ante
empresas como éstas.
Una placentera chispa de humor acompaña a su ardiente imaginación,
y ocasionalmente, no tan a menudo, alivia la tensión del pensamiento
impuesta sobre sus oyentes. Faraday tiende a jugar con el tema, de cuando
en cuando, pero en forma muy sutil; siendo su ejercicio tan sólo
el necesario para avivar la atención. Nunca permite que un experimento
lo aparte de su tema."
Motivando
en las
Conferencias de Navidad
Las charlas de navidad fueron iniciadas por Michael
Faraday en la Royal Institution en 1826. Rápidamente se volvieron
populares entre las altas clases de la sociedad de Londres; incluso el
Príncipe de Gales asistía y fue introducido en los extraños
misterios de la electricidad.
Faraday podía verse como el mejor de los
conferencistas en las famosas charlas navideñas para niños.
Su amor hacia la simplicidad y su sentido de lo dramático eran seguidos
en forma entusiasta por su audiencia, que incursionaba de todo corazón
en el mundo de la ciencia, con él como guía.
Despertando la capacidad de asombro de su audiencia,
Faraday decía:
"Consideremos ahora lo maravillosamente bien que nos hallamos en este mundo.
Aquí es donde hemos nacido, nos hemos criado y hemos vivido, y aún
vemos estas cosas con una casi total falta de asombro hacia nosotros, con
relación a la forma en la cual todo esto ocurre. Tan pequeño
es, por cierto, nuestro asombro, que nunca somos tomados por sorpresa.
Y yo creo que, para una persona joven de diez, quince o veinte años
de edad, probablemente la primera visión de una cataratas o de una
montaña le ocasionaría más sorpresa, de la que jamás
haya sentido con relación a los aspectos de su propia existencia:
de cómo llegó aquí, de cómo vive, a qué
se debe que pueda sostenerse erguido y a través de qué medios
se mueve de un lugar a otro.
En consecuencia, llegamos a este mundo, vivimos y partimos de él,
sin que nuestros pensamientos se hayan enfocado a considerar cómo
es que todo esto se lleva a cabo. Y si no fuera por la excepción
de algunas mentes inquisitivas, que han mirado el interior de estas cosas
y han averiguado las más bellas leyes y condiciones por las cuales
nosotros vivimos y estamos de pie en esta tierra, estaríamos poco
conscientes de que hubiera algo maravilloso en ella.
Estas cuestiones, que han ocupado a los filósofos desde los primeros
días -cuando comenzaron a encontrar las leyes mediante las cuales
crecemos, existimos y nos divertimos- hasta el día de hoy, nos han
mostrado que todo esto ha sido causado como resultado de ciertas fuerzas
o habilidades para hacer cosas, o poderes, que son tan comunes, que nada
puede serlo tanto como ello: pues nada es tan común, como los maravillosos
poderes por medio de los cuales nos es posible estar erguidos; son poderes
esenciales para nuestra existencia, en cada uno de los momentos."
Dos de los ciclos de conferencias de navidad fueron
transcritos por estenógrafas profesionales y se publicaron con el
consentimiento de Faraday: "La historia química de una vela"
y "Conferencias acerca de las diversas fuerzas de la materia". Estos se
volvieron merecidamente famosos y han tenido muchas, muchas ediciones.
El más famoso de los dos, "La historia química de una vela",
se ha traducido a todos los idiomas europeos, e incluso, ha obtenido la
distinción de ser el primer libro completo de ciencia que ha sido
publicado en inglés básico.
Faraday,
el educador
El proceso de la educación era uno de los
que más le gustaban a Faraday. Su interés en ello había
nacido de la necesidad, cuando -siendo joven- se propuso educarse a sí
mismo. Faraday sostuvo ideas muy fuertes acerca de la educación
y estas ideas fueron puestas en práctica por la Royal Institution.
Las reuniones de los viernes en la noche fueron creadas, en primer lugar,
con el fin de entretener a los miembros y a sus invitados. No obstante,
existían cursos regulares en los cuales enseñaba Faraday,
cuyo propósito era algo más serio. Existían, a su
vez, las conferencias juveniles y en esto, el genio de Faraday podía
realmente ejercitarse a sí mismo.
Para Faraday era evidente que la educación
involucra mucho más que la acumulación de información,
acerca de los hechos reales. La verdadera educación es el resultado
del desarrollo de la capacidad de discernimiento, ya que es esta facultad,
la que le permite a uno escudriñar las impresiones de los sentidos
en su estado natural, brindándoles un orden. En su ensayo "Sobre
la imaginación y el discernimiento", escrito en 1818, discutía
la forma en la cual se lleva a cabo este proceso.
"Las leyes de la naturaleza, tal como las entendemos, son la base
de nuestro conocimiento en los elementos naturales. Lo mucho que conocemos
de ellas, se ha desarrollado mediante las sucesivas energías de
los intelectos más altos, ejercidas a través de muchos años.
Tras el más rígido y escudriñador de los exámenes
acerca de principios y ensayos, se les ha dado una expresión definitiva;
se han convertido, según lo que fueran, en nuestra creencia o nuestra
fe. Día tras día, aún examinamos y evaluamos nuestras
expresiones acerca de ellas. No tenemos ningún interés en
conservarlas, si son erróneas; por el contrario, el mayor descubrimiento
que pueda hacer un hombre, sería el comprobar que una de estas leyes
aceptadas sea errada y su gran honor sería el descubrimiento. Tampoco
debería existir ningún interés por conservar la expresión
anterior, pues sabemos que la nueva o corregida ley va a ser mucho más
productiva en resultados, va a incrementar sobremanera nuestros logros
intelectuales y va a brindar una abundante fuente de fresco deleite hacia
la mente."
Faraday se daba cuenta de la naturaleza provisional
del conocimiento. El no compartía la confianza victoriana en el
triunfo eventual de la verdad, pues él bien sabía que la
verdad estaba tan sólo reservada a Dios. La humanidad debe aprender
a vivir con una mezcla de verdad y error; el discernimiento bien educado
puede usarse para minimizar, pero nunca para eliminar el error. Su programa
para la educación del discernimiento se tenía que basar,
por ello, en los hechos. Educación significa autoeducación
y, particularmente, autocrítica. Decía Faraday:
"Es necesario que el hombre se examine a sí mismo, y esto, sin negligencia.
A medida que avance, debe ser más y más estricto, en la crítica
aguda consigo mismo, mucho más de lo que puedan ser los demás
con uno. Y cuando falle en esto, se dará cuenta de que otros pueden
tener razón en su punto de vista, cuando lo critiquen a él.
Esta educación exige humildad en su primer y último paso.
Sólo puede comenzar, debido a una convicción de deficiencia.
El aumento del conocimiento interno nos hace conscientes de nuestras necesidades
internas. El primer paso en la corrección es el conocer nuestras
deficiencias, y al haberlas conocido, el próximo paso ya está
casi completo: pues ningún hombre que haya descubierto este discernimiento
es irracional, manteniendo las presunciones que tenía antes. Yo
no quiero decir que todo el mundo se curaría inmediatamente de los
malos hábitos mentales, pero espero más de la naturaleza
humana que del hecho de creer que un hombre que, en cualquier etapa de
su vida, haya alcanzado la conciencia de una condición como ésta,
podría desconocer su sentido común, y seguir juzgando y actuando
como antes.
Cada cual puede tener el derecho a sus propias opiniones, pero no tiene
el derecho de esperar que otros le escuchen, hasta que se haya puesto primero
en el dilema de someter su opinión al examen de su propio discernimiento
crítico. Donde hay ausencia de este discernimiento, sentía
Faraday, las ideas serán tan sólo de interés pasajero."
También decía Faraday:
"Si el término educación debe ser entendido en tan amplio
sentido, como para incluir todo lo que pertenece al desarrollo de la mente,
ya sea por adquisición del conocimiento de los otros o por el aumento
de éste a través de sus propios medios, aprendemos por ello
qué clase de ciencia de la educación se ofrece al hombre.
Esto nos enseña a no ser negligentes con nada; a no despreciar los
pequeños comienzos, pues ellos preceden necesariamente a todas las
grandes cosas en el conocimiento de las ciencias, ya sean puras o aplicadas.
Nos enseña una continua comparación entre lo pequeño
y lo grande y esto, bajo diferencias que casi se aproximan al infinito:
pues lo pequeño casi siempre contiene lo grande en principio, así
como lo grande posee lo pequeño; y así se torna comprensible
a la mente.
Nos enseña a deducir, cuidadosamente, los principios para mantenerlos
firmes o para suspender el discernimiento: para descubrir y obedecer leyes,
y con ello, para ser valientes en aplicarlas a lo más grande que
conocemos de lo pequeño.
Nos enseña primero, a través de tutores y libros, a aprender
lo que ya es conocido para otros, y luego, a través de la luz y
los métodos que pertenecen a la ciencia, a aprender por nosotros
mismos y por los demás, de forma tal, que correspondamos de modo
fructífero al hombre del futuro con aquello que hayamos obtenido
del hombre del pasado.
En sus instrucciones, Bacon nos contaba que el estudiante científico
debería tratar de no ser como la hormiga, que simplemente acumula,
ni como la araña, que teje de sus propias entrañas, sino
más bien como la abeja, que acumula y produce a la vez.
Todo esto es verdad, en cuanto a la enseñanza brindada por cualquier
aspecto de las ciencias físicas. La electricidad usualmente es llamada
maravillosa -hermosa-, pero esto es así tan sólo en conjunto
con otras fuerzas de la naturaleza. La belleza de la electricidad, y de
cualquier otra fuerza, no radica en que el poder sea misterioso e inesperado
-tocando todos los sentidos, a la vez que los ignora- sino en que está
bajo ley, y en que el intelecto educado puede ahora incluso gobernarla
ampliamente.
La mente humana se encuentra ubicada por encima, no debajo, de todo esto
y es en este punto de vista que la educación mental lograda por
la ciencia está suministrando una eminente dignidad, en aplicación
práctica y utilidad, ya que, al permitir que la mente aplique el
poder natural a través de la ley, transmite los dones de Dios al
hombre."
Aplicando la ciencia
Faraday opinaba:
"¡El solo hecho de pensar en instalar una máquina electromagnética
dentro del Great Western o del British Queen y enviar estos barcos con
su ayuda a través del Atlántico, o incluso a las Indias Orientales!
¡Qué glorioso sería aquello!"
"El desarrollo de las aplicaciones de las ciencias físicas en los
tiempos modernos se ha vuelto tan amplio y tan esencial para el bienestar
del hombre, que se debe usar justamente, como ilustración del verdadero
carácter de las ciencias puras, como una sección del conocimiento
y de la reivindicación que debe tenerse en consideración
por parte de los gobiernos, universidades y todos los cuerpos, a los cuales
les compete el fomento cuidadoso y la dirección del aprendizaje.
Al depender de la enseñanza, el hombre está comenzando a
reconocer el derecho que posee la ciencia a ocupar su propio lugar en particular.
Si bien fluye en canales bastante diferentes -en su curso y en su final-
a aquellos de la literatura, no conduce a menos, como un medio de instrucción,
hacia la disciplina de la mente, ya que se dirige, más o menos,
a los deseos, comodidades y placeres propicios, tanto mentales y corporales,
de cada individuo de cada clase en la vida."
El llamado de atención de Faraday hacia la
utilidad de la ciencia, como un argumento a favor del apoyo público
a la ciencia, no fue usado simplemente para introducir su temática.
Dios le dio al hombre dominio sobre la tierra; la mente del hombre puede
comprender las leyes de la naturaleza y a través de la comprensión,
ganará un dominio sobre ellas. Para Faraday era casi un deber sagrado
revelar estas leyes y usarlas para el beneficio de la humanidad.
Bernardo Gómez Moreno,
Profesor titular, Universidad de los Andes
e-mail: bgomez@uniandes.edu.co